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| A veces, el silencio viaja veloz entre el espacio, y sólo en ese momento puedo recordar algo que alguna vez supe, pero que olvidé por mi propia protección. Es posible que muera pronto y no termine mi vida en la forma que quisiera. Es posible, no por que tenga algún tipo de presentimiento, corazonada insignificante, sueño premonitorio o designios inalterables. Tampoco un hecho concreto que me permita crear temor alguno hacia algún hombre, sociedad o estado. Pero a pesar de este notable descarte de alternativas, siempre existe una posibilidad. No me preocupo demasiado, no lo suficiente, aunque escriba sobre ello. Creo que por eso nunca escribo. No tengo nada que decir, ninguna historia que contar. Esta introducción es más larga de lo necesario. Trata de encontrar desesperadamente el camino hacia la historia que no existe, que inevitablemente terminará en lo mismo, a pesar de la creación de universos paralelos que nacen con cada una de nuestras cotidianas e insignificantes decisiones. |
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| Creo ser tan inmoral como moral, y en ese conveniente equilibrio, vivo en aparente silencio y complicidad con mi educación e instrucción social. Presiento que mi vida se acabará de un golpe. Pienso esto por que me parece más interesante. No soy poco honesto al escribir tal falsedad vanidosa, más bien necesito creer en eso, aún mucho más que ustedes. Esa posibilidad de escapar, de hallar una razón a años de temor y silencio, oculto entre la gente, delicadamente perdiendo el tiempo, llorando en cada esquina por mi propia debilidad y cobardía. Aún esto es exageradamente dramático e inocente. Siempre estoy engañándome. Al releer este primer párrafo, me avergüenzo de mi sicopática auto referencia. De que podría escribir si he viajado tan poco y el mundo interior del cual provengo está programado con lenguajes que aún no codifico.
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Desde la mesa más cercana a la ventana veo la pista de baile. La oscuridad del pub permite ocultar toda grosera imperfección estética, logrando adjetivar el lugar como pintoresco hasta por sus clientes más críticos. La mesa graciosamente coja, agita torpemente mi cerveza. La gente, dividida en grupos indefinibles e inclasificables, parecían siempre ser mucho mayores o muchos menores que yo. La música escupida por los parlantes y su consecuente baile, hoy en día pasión de multitudes, no permitía escuchar nada, ni siquiera la propia música.Tengo que bailar, y aunque no me gusta demasiado estoy desde hace años en un proceso de tregua con el mundo y por razones estrictamente diplomáticas debo cumplir con esa gentileza. Tengo cada día más gracia, al menos eso pienso. La idea es no pensar, es parte del trato. Sentado y sin hablar prefiero descansar en mi silencio. No me esfuerzo por entender las conversaciones de mis compañeras, sólo sonrío, eso basta y es suficiente. Me concentro nuevamente en la pista, desde la distancia todo se hace incompresible. Si me acerco demasiado llego al mismo punto. La idea es observar desde la distancia justa para comprender semejante estupidez. Pedimos la cuenta y una vez en el auto, la música de costumbre y el compromiso de realizar semejante hazaña otra vez. Al llegar a mi casa, mi cama está fría y no me importa. La flojera me impide incluso usar mi buzo tipo pijama.
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Como de costumbre despierto temprano. Me alimento sanamente y luego a buscar en mi directorio metálico los objetivos de este nuevo domingo. Todos los domingos se encuentran en la misma pista del tiempo, poseen la misma alma y son prisioneros de la misma energía debilitante. Creo estar en el purgatorio. Enciendo el televisor, ya que me hacía falta algo de la mejor compañía de este siglo. Busco un programa en español. No quiero verla, sólo quiero oírla sin escucharla ya que no es necesario. La pizza para el almuerzo, con sus 3 ingredientes delicadamente elegidos para satisfacer mi más groseros deseos y fantasías sensoriales, terminan por casi destruir mi estómago maltratado por mi sicopático apetito y por su imperfecto funcionamiento acostumbrado. |
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| La historia clínica de mi estómago tiene varias páginas. Es una historia paralela, pero que quizás es necesario contarla con la intención de comprender con la más brutal vulgaridad la dualidad del hombre. A pesar de mi incalculable vanidad intelectual existencialista atea, sufro de gastritis nerviosa. Desde siempre he llevado una dieta estricta que no cumplo. El dolor de estómago me ha llevado a rezar en muchas ocasiones. Conozco todos los exámenes y sus incómodas consecuencias y humillaciones. Nunca nada grave, pero si molesto y doloroso. Incluso una vez la neumonitis que sufro históricamente una vez al año, calzó con un ataque de gastritis. Los vómitos, el dolor, la fiebre me hizo concentrar toda mi energía mental. Nada para mí existía ni importaba más allá del dolor y mi cuerpo. Algo tan simple y cotidiano, incluso gracioso e inofensivo comparado con más de cien enfermedades realmente dolorosas y mortales, me redujo a la nada. Qué era mi gastritis ante la verdad absoluta y los misterios del universo, o ante el incomprensible dolor de la muerte. Como relacionar el macro con el microuniverso del hombre. Miro las estrellas y me emociono al intentar imaginar su distancia, su eternidad y su infinito. Su pequeña luz me estremece, constituidos de la misma materia, viajo hasta ella por años luz que no me toman mucho tiempo. Regreso y reviso impulsivamente mi bolsillo que parece vació por un instante en busca de mi billetera. Temo perder mis tarjetas. |
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De regreso al domingo, después de un par de horas de televisión y seudo descanso, trato de organizar por teléfono un partido de baby. Como siempre, todo se retrasa. Todo listo y dispuesto. El balón en el centro. Cinco jugadores por lado en equipos justamente equilibrados en fuerza, velocidad, técnica y coraje. No voy a perder, eso pienso mientras mi odio aumenta hacia el tipo de la camiseta. Lo que me molesta es que él estúpidamente cree ser bueno. Terminó su infancia y al comenzar corro con toda mi energía hacia él, prediciendo que el tercer pase será el fin de su inocencia. La oscuridad comienza a cubrir la villa de gris opaco. Las copas ralas de los árboles municipales casi no se mueven por el viento y la soledad poco habitual de las calles me hace pensar en el frío. Regreso trotando para demostrar mi aparente estado físico y reducir el tiempo de espera entre la plaza y mi casa. Bajo el agua caliente el tiempo se detiene y puedo viajar en todas direcciones olvidando la cuenta de gas del último mes. La temperatura del agua adormece mi cuerpo, dejando sólo mi mente despierta para viajar. No soy capaz de explicar la mezcla confusa de realidades, pero supongo que todos entienden lo que trato de explicar torpemente.Una vez vestido, enciendo el computador que rápidamente está listo. No sé que hacer y nunca sé muy bien que buscar. La conclusión de este hecho tan particular, nos dice que la vida es esencialmente aburrida. Si uno tiene la mortal delicadeza de pensar sobre esto, llega inevitablemente al estado imperceptible del aburrimiento subterráneo del alma. Cualquier otra opinión es solo inocencia y entre más sabios argumentos o metafísicas razones, sólo demuestran una tierna inocencia ilustrada.
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| La verdad no sé como viajé tan rápido de no saber que buscar en internet al aburrimiento subterráneo del alma. Semejante afirmación tiene sustentamientos sólidos, que han nacido de la reflexión más profunda, pero que definitivamente me da flojera explicar por escrito. Además, es muy probable que ustedes nunca lleguen a entenderlos. Bajo este escenario muy probable, prefiero evitar la fatiga. |
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Nuevamente me encuentro en un momento sin ideas. En estos momentos debería dejar de escribir pero eso es realmente difícil para un escritor de mi categoría. Este ejercicio de escribir el vacío en que me encuentro es extraño. Tengo tantas preocupaciones miserables que me absorben, que difícilmente tengo claridad. Quiero ser inmoralmente feliz pero eso me hace sentir culpable. Con semejante instrucción basada en el miedo, no me queda más que olvidar las drogas, el sexo y las frituras. Llevo conmigo la pesada y sumisa mochila de la moral de colegio municipal, como también de padres que se esforzaron para morir con la satisfacción que fui alguien que hizo lo mismo por sus hijos, pero con un sueldo un poco más alto. Estoy paralizado por el miedo al infarto, al aneurisma y al cáncer. Tengo tanto miedo a la muerte costosa y dolorosa, incomprendida por las isapres, abandonado por los sistemas que me prometieron protección. Temo no recibir mi sueldo a fin de mes a pesar de realizar mi mejor esfuerzo y mirar la cara de mis hijos pidiendo pan para tomar y agua para beber, absolutamente perturbados por el ayuno permanente.Temo por los robos de todas las magnitudes, por personas naturales o instituciones establecidas, tanto de bienes materiales (casa, auto, billetera) como espirituales (alma, esencia, espíritu). |
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Bajo esta condición se me hace muy difícil escribir cualquier cosa coherente. De todas maneras que historia esperaban. La mayoría de las personas nunca lee. Debería pensar en escribir un guión de película. De alguna forma eso podría solucionar todos mis problemas ya que sólo necesito dinero para pervertir mi mente al máximo y experimentar hasta destruirme y trasformarme en una basura repugnante. Aunque para ustedes, personas que generalmente no escriben, les parecerá extraño que todo lo que han leído hasta ahora lo escribí hace muchos años. Ahora, después de releer todas esas líneas, hay muchas cosas que aún comparto y otras que me avergüenzan. Pero definitivamente lo que más me impresiona es el estilo. Hoy, después de haber leído los ‘nuevos’ autores me siento un adolescente de la década del veinte. Mencionan sin problema todo lo que han leído, sobre las cosas más raras o difíciles de encontrar, sin miedo a ser tildados de pretencioso intelectualoides baratos. La otra noche soñé que estaba en un tiroteo legendario, en donde milagrosamente lograba arrastrarme patéticamente sin ser alcanzado por ninguna bala. Cuando ya me sentía a salvo, giré para escapar definitivamente, pero me encontré de frente con el cañón de una pistola sobre mi frente que disparó inmediatamente sin decir nada, a diferencia de las películas en que siempre hay un diálogo o alguna palabra heroica que justifica la pérdida. En una centésima de segundo, la imagen fue cubierta por un grueso y pesado telón negro que fue absorbido por el orificio que dejó la bala en mi frente, acompañado de un sonido sintético aterrador y prolongado, como cuando una cinta se enreda en la casetera. Cuando el telón fue absorbido completamente estaba muerto, en el sentido de no existir. |
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| Después de esa experiencia de conocimiento no permitida, quiero existir y sufrir de las formas más horrendas y disfrutar hasta con la declaración de impuestos. Aunque debo confesar que el efecto que tiene para mí semejante experiencia no dura lamentablemente mucho tiempo. Después de escribir este documento, que no parece tener principio ni final, espero silenciosamente que sea el comienzo o el final de la verdadera historia que deseo escribir. Parecen fragmentos desconectados y vacíos que finalmente reposan en una fuente de ensalada rusa, esperando a ser ubicados definitivamente en el estacionamiento privado1 de la verdad que busco y no encuentro. |
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| ()1 Después de haber realizado un rápido screening de mí último párrafo con algunos conocidos, he podido darme cuenta que la metáfora de la ensalada rusa es ampliamente aprobada, a diferencia de la comparación del estacionamiento privado y la verdad, que en general ha sido cuestionada y catalogada como una rareza sin sentido aparente. Espero tener la oportunidad de explicarlo en algún momento. |
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