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| Hoy
desperté con la sensible idea de que todos tenemos la
preciosa y única oportunidad de existir. Esto logró animarme
de alguna forma y reflexionar al respecto. Alimentar alguna
esperanza un poco perdida a veces en mi absurdo y persistente
afán por cuestionar situaciones y actitudes. Son cuestionamientos
y momentos de reflexión inherentes en mí, inevitables
en mi vida y que parecen ser más bien características
intrínsecas que opciones o decisiones personales. Así
hay también personas que logran disfrutar de las cosas
simples, sin mayores cuestionamientos, sin detenerse a
pensar demasiado. |
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| Hace un tiempo pensé lo
siguiente: “Vivir es como andar en bicicleta”, analogía
un poco burda, simplista y sin mucho contenido. Sin embargo,
con el tiempo he logrado dar consistencia y sentido a
esto. Imaginé que habían personas que al nacer se suben
a su bicicleta toman seguros el volante, comienzan a pedalear
y recorren su camino a una velocidad prudente y constante,
dejándose llevar a veces por una inercia que desconocen
pero que les acomoda y les hace más fácil su trayecto.
Su despreocupación y velocidad les impide mirar con detalle
el paisaje a su alrededor, algunos saben que existe, pero
prefieren seguir adelante. Sus máximos cuestionamientos
los llevan a pensar y concluir que si pedalean en cierto
sentido, las ruedas de sus bicicletas girarán e inexorablemente
avanzarán. Se concentran en seguir adelante y lo hacen
bien, disfrutan de la aventura y la reducen a un camino
angosto y asfaltado que recorren con pasmosa seguridad.
Viven una vida normal, y aún cuando a veces se cansan
un poco de pedalear, con facilidad renuevan sus energías
o construyen en sus mentes una pronunciada bajada que
los hace disfrutar de la tranquilidad de la inercia por
un buen tiempo. Algún día dejarán de pedalear, sus bicicletas
caerán lentamente hacia un lado y sus ingrávidos cuerpos
cederán, luego morirán tranquilos. |
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Existe
otro grupo de ciclistas, esos que nacen y se sientan
en el borde de los asientos de sus intranquilas bicicletas
o simplemente jamás se sientan. Desde ahí toman el volante
y pedalean a toda velocidad a través de sus vidas frenéticas,
recorriendo distancias inconsistentes a sus sentidos.
Se concentran sólo en avanzar y disfrutar de la velocidad
y el vértigo, cierran sus ojos y se sienten felices
cuando el viento golpea sus despreocupados rostros.
Transitan libremente, embisten a otros ciclistas y transgreden
las normas del tránsito, son irresponsables. Jamás miran
a su alrededor y buscan el sentido de la vida en la
intensidad y el peligro, situaciones extremas que los
acompañan hasta un precipitado final o los hacen sufrir
terribles accidentes y caer de sus bicicletas. Entonces
se detienen un momento y miran a su alrededor. Despiertan
de sus agitados sueños, ven atónitos aspectos más ocultos
de la realidad y a veces recapacitan. Es un punto de
inflexión y reflexión, pueden volver a sus bicicletas
para continuar sus caminos o perderse en los inconmensurables
bosques situados a orillas del camino, para lo cual
no están preparados y donde seguramente encontrarán
su final.
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| Luego
hay un tercer grupo de individuos que nacen y toman
sus bicicletas con asombrosa precaución. Ajustan
sus cascos coderas y rodilleras, se calzan investiduras
fosforescentes y comienzan a pedalear con inquietante
lentitud, se sienten inseguros y avanzan con un
profundo e infundado pavor. Se preocupan en avanzar,
es verdad, pero al mismo tiempo se preocupan por
el funcionamiento de sus vehículos, por la regularidad
de los caminos, por las inestabilidades climáticas,
etc. Esto los hace ser personas inestables y muy
inseguras, cruzar un puente es una drama y atravesar
un túnel, una tragedia. Ven otros grupos de ciclistas
normales que pasan y a veces los convencen de acelerar
un poco el tranco, se apoyan en ellos y se sienten
un poco más seguros, es una especie de variante
de la inercia física, y se dejan llevar por ella.
Temen a ser embestidos por los ciclistas frenéticos
y temen también cuando a veces miran alrededor y
se encuentran con bosques infinitos y desconocidos,
a veces ven también personas sin sus bicicletas
observando desde los bosques y se espantan. Cuando
sus inseguridades son profundas, se detienen para
chequear sus pedales, la dirección de sus volantes,
el aceitado de sus cadenas. A veces se convencen
que todo está bien y que nada puede fallar, entonces
reestructuran sus vidas y toman un ritmo más seguro
y constante. Otras veces continúan con sus incertidumbres
y las mantienen hasta el final de sus precavidos
caminos. |
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Algunos
ciclistas, cuando toman sus bicicletas, se dan cuenta
que prefieren la que está a un lado y que ya ha sido
tomada por otra persona. Disconformes se suben a la
que les tocó y comienzan desganados a pedalear. Siguen
viendo ciclistas pasar a sus lados y siguen envidiando
sus modelos de bicicletas. Imaginan grandes cuestas
y aún cuando saben que pueden utilizar un cambio más
liviano para subir, no lo hacen y sufren pedaleando
trabajosamente. Incluso a veces se bajan de sus bicicletas
y las ponen en sus espaldas, de esta forma suben sus
pendientes imaginarias, a veces reales, esforzándose
por cada paso que dan y llevando sus vidas a cuestas.
Sus trayectos son difíciles y la aventura de la vida
se les presenta como una temeraria osadía, llena de
peligrosas curvas e intrincados desvíos. Siempre se
sienten agotados y desdichados, centran su atención
en el esfuerzo que cada uno de sus músculos debe hacer
al pedalear. Odian sus bicicletas y desprecian su alrededor,
nunca se conforman. A veces piden a otros ciclistas
que aten una cuerda a sus bicicletas para que tiren
de ellos, a veces algunos ciclistas aceptan y de este
modo se sienten un poco mejor y hasta un poco conformes.
Llegan a su final manteniendo una velocidad inconstante
y un camino irregular, sus famélicos cuerpos sucumben
sobre el asfalto y mueren así sus melancolías, lamentaciones
y esperanzas.
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Finalmente
hay un último grupo que plantea su primera inquietud
al momento de subir a la bicicleta. ¿Porqué no tomar
un avión o un auto?. Se sienten inquietos pero finalmente
asumen montar sus bicicletas y comienzan a pedalear.
A veces se enfrascan en inútiles cuestionamientos
como por ejemplo que pasaría si pedalearan en sentido
contrario o si girarán sus volantes en trescientos
sesenta grados. Ven con atención a los demás ciclistas
que pasan despreocupados a su lado y luego vienen
otras inquietudes, se preguntan por qué deben seguir
el camino señalado, comienzan a dudar de las líneas
blancas segmentadas sobre el asfalto, entonces a
veces se alejan del camino, dejan sus bicicletas
y se internan en el bosque. Son imaginativos y curiosos,
pueden subir a los árboles y desde ahí observan,
analizando el irreflexivo pero decidido andar de
los demás ciclistas. Sienten simpatía por ellos
pero no se amoldan a su estructurado modo de recorrer
un camino que para ellos es sólo una alternativa.
Escarban sus propias mentes buscando respuestas,
tienen una inquietante ansiedad por conocer y acercarse
a la verdad. También recorren el bosque, ahí encuentran
a veces oscuridades y densas neblinas que les hacen
perder un poco el sentido. |
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| Sienten temor y pueden
llegar a perderse en el infinito, algunos prefieren volver
a la vía convencional, pero no se sienten cómodos, transan
sus puntos de vista y vuelven a montar sus bicicletas
para intentar insertarse en la normalidad. En otras ocasiones
llegan a encontrar claridades y pueden avanzar por un
camino propio y exclusivo, un camino alternativo, pero
que les permite avanzar. También consiguen claridades
cuando encuentran a personas similares, comparten visiones
y sueños y se sienten cómodos entre ellos. Aparecen hermosos
claros durante su recorrido, son contemplativos y encuentran
fascinantes paisajes y nostálgicos horizontes. Son idealistas
y centran sus sentidos en el bosque, aunque conservan
un delgado pero conciente nexo con el otro camino y sus
ciclistas, conviven también con ellos a veces hasta el
final de sus caminos. Algunos se internan demasiado en
el bosque y llegan a olvidar el asfalto, las señales de
tránsito, las bicicletas y todas esas cosas. Entonces
la balanza de sus sentidos se inclina completamente hacia
la imaginación y la fantasía, pero la realidad expande
sus dominios y atenta contra sus fabulosos ideales, entonces
sus caminos se tornan inmensamente complicados y a veces
insostenibles. |
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Posiblemente
he pecado de pretencioso y subjetivo, pero de alguna
manera intenté clasificar y agrupar la infinita diversidad
que puede existir en la humanidad. Seguramente existirán
casos que pueden encasillarse en alguno de los modelos
de ciclistas planteados. Algunos otros transitarán durante
su vida a través de diferentes modelos, y otros simplemente
no se ajustarán a ningún modelo.
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